Narra las apariciones de la Virgen a los tres pastorcitos en Fátima (Portugal, 1917), en un contexto de inestabilidad política y anticlericalismo.
Se rodó en plena posguerra franquista, cuando el cine español promovía valores católicos y patrióticos para contrarrestar el laicismo.
Fue una de las películas más taquilleras de la década de 1950 en España, con gran éxito en países católicos como Irlanda, Austria y Portugal.
Representa el auge del cine religioso español de posguerra, que buscaba legitimar el régimen mediante narrativas de fe y milagros, aunque algunos análisis la ven como crítica sutil a los mecanismos de la fe.